viernes, 17 de agosto de 2012

Besos robados.


Ella lo mira a los ojos. Y sin querer, se pone roja. Nota como le tiemblan las piernas. Como se le aguan los ojos al ver que tiene a su lado a la persona que la hace feliz cada día sin recibir nada a cambio. Vergonzosa se va acercando a él. Poco a poco. La duda del rechazo. Pero, entonces, se da cuenta de que no tiene por qué tener miedo, no tiene por qué tener vergüenza. Le coge de la mano y dos segundos después, sin darse cuenta, ya tienen sus dedos entrelazados. Ella, se pone de puntillas. Están a dos centímetros. El espacio empieza a sobrar y ella, le roba un beso. Le suelta la mano, se gira y vuelve a retomar su camino. Unas manos la detienen, la cogen por detrás, por la cintura y la voltean. Otra vez a escasos centímetros. Sonríen.  Ahora, es él quien le roba un beso. Y los dos a la vez, susurran que se quieren. Estallan a carcajadas y se dan cuenta de que no podrían estar uno sin el otro.  






miércoles, 8 de agosto de 2012

Gritos y golpes.


Oyes los gritos y lo siguiente es un golpe.  Otro. Y otro más. Gritos de tu mare pidiendo que pare. Pero sin embargo, los golpes siguen. Oyes como tu padre grita sin parar. Notas como te tiemblan las piernas.  Te sientas en el suelo cubriéndote la cara con las manos, pensando en que si no ves nada, puede que nada pase, pero te das cuenta de que es una cosa completamente absurda. Que aunque no veas, nada ha desaparecido. Lloras. Y sigues llorando imaginándote como tu padre está pegando a tu madre. Como tú estás aquí sentada sin hacer nada. Así que reúnes todas las fuerzas que te quedan y te levantas. Abres la puerta y caminas intentando no hacer ruido. Apenas puedes sostenerte, pero tú sigues.  Llegas allí y gritas que paren. Pero nadie te escucha. Sólo ves como tu padre empuja a tu madre, como la golpea.  Vuelves a gritar. Tu madre te mira, y sientes como se te cae todo.  Como está siendo maltratada y tú, tú no puedes hacer nada.  Te sientes inútil viendo como pegan a tu madre. Así que sin más, te pones entremedio. Cierras los ojos esperando un golpe. Oyes como gritan “quítate del medio niñata”, pero tú permaneces inmóvil allí, abrazando a tu madre. Entonces él resopla, se pone a gritarte y se va.  Abrazas a tu madre más fuerte, le dices que todo pasará y entonces, ella se apoya en tu hombro y llora. Una vez está mejor, te envía a dormir y tú, empiezas a llorar. Explotas y te duermes, llorando y escuchando otra vez esos gritos. Y entonces llega el mañana donde todo se repite.  

lunes, 6 de agosto de 2012

Nunca más, dije.

Dirijo mi mano hasta el sacapuntas, mientras que en la otra, tengo el destornillador.  Lo cojo y con tantos temblores se me cae. Me agacho y lo cojo.  Como puedo, empiezo a desenroscar el tornillo que une el sacapuntas con la cuchilla que tiene. Cuando consigo sacarla tiro lo que queda del sacapuntas hacia un lado y entonces con un mechero, quemo la cuchilla, para no coger ninguna enfermedad. La paso por alcohol. Me miro en el espejo. Veo mis ojeras, mis bolsas. Mis ojos rojos de tanto llorar. Miro mi cuerpo y me repugno.  Noto el asco que doy y pienso “normal que la gente me mire mal”. Miro la cuchilla y miro mis muñecas.  Y entonces sin pensármelo dos veces, me corto. Me corto hasta que empieza a salir sangre, hasta que duela.  Pongo la muñeca debajo de agua caliente para que salga más sangre. Siento que me lo merezco, que me merezco eso y mucho más. Sin saber como, he acabado llena de cortes. Todo el dolor reflejado en cada corte. Cada corte con una explicación.  Luego los curo uno por uno. Los miro. Me miro en el espejo.  Me giro, abro el cajón donde nadie mira y entonces, guardo la cuchilla pensando “espero no volver a utilizarte”. Sonrío y salgo de mi habitación como si nunca hubiera pasado nada.