viernes, 17 de agosto de 2012

Besos robados.


Ella lo mira a los ojos. Y sin querer, se pone roja. Nota como le tiemblan las piernas. Como se le aguan los ojos al ver que tiene a su lado a la persona que la hace feliz cada día sin recibir nada a cambio. Vergonzosa se va acercando a él. Poco a poco. La duda del rechazo. Pero, entonces, se da cuenta de que no tiene por qué tener miedo, no tiene por qué tener vergüenza. Le coge de la mano y dos segundos después, sin darse cuenta, ya tienen sus dedos entrelazados. Ella, se pone de puntillas. Están a dos centímetros. El espacio empieza a sobrar y ella, le roba un beso. Le suelta la mano, se gira y vuelve a retomar su camino. Unas manos la detienen, la cogen por detrás, por la cintura y la voltean. Otra vez a escasos centímetros. Sonríen.  Ahora, es él quien le roba un beso. Y los dos a la vez, susurran que se quieren. Estallan a carcajadas y se dan cuenta de que no podrían estar uno sin el otro.  






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