Besos robados.
Ella lo mira a
los ojos. Y sin querer, se pone roja. Nota como le tiemblan las piernas. Como
se le aguan los ojos al ver que tiene a su lado a la persona que la hace feliz
cada día sin recibir nada a cambio. Vergonzosa se va acercando a él. Poco a
poco. La duda del rechazo. Pero, entonces, se da cuenta de que no tiene por qué
tener miedo, no tiene por qué tener vergüenza. Le coge de la mano y dos
segundos después, sin darse cuenta, ya tienen sus dedos entrelazados. Ella, se
pone de puntillas. Están a dos centímetros. El espacio empieza a sobrar y ella,
le roba un beso. Le suelta la mano, se gira y vuelve a retomar su camino. Unas
manos la detienen, la cogen por detrás, por la cintura y la voltean. Otra vez a
escasos centímetros. Sonríen. Ahora, es
él quien le roba un beso. Y los dos a la vez, susurran que se quieren. Estallan
a carcajadas y se dan cuenta de que no podrían estar uno sin el otro.
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