Me tumbo en la cama y me pierdo mirando el techo. Decido coger los cascos para desconectar de la realidad pero no sirve. Subo más el volumen esperando a no poder oír lo que pienso. Cierro los ojos e intento dormir. Miles de imágenes de recuerdos aparecen. Recuerdos que he pasado con él. Recuerdos buenos y malos. Recuerdos que antes cuando los recordaba me sacaban una sonrisa y ahora, mientras sonrío al ver que todo eso ha sido de verdad, que ha pasado, una lágrima se escapa. Una seguida de otra y otra más. Hasta que yo ya no las controlo. Ahora no puedo parar de sollozar. Cada canción te recuerda a él. Todo tiene algo que ver. Empiezo a recordar ese primer beso, el primero y el último. Empiezo a ver imágenes de mi familia, feliz. De mi familia haciéndome caso. Y salen más lágrimas. Veo todos los recuerdos pasar delante de mí. Me siento en el suelo y dejo que todo pase. Que me duelan los ojos y que me quede sin lágrimas para poder parar. Entonces entra el pánico. El pánico de saber que él ya no está aquí y que seguramente no se acordará de ti. Y después de dejar que el tiempo pase, notas como has dejado de llorar, que te duelen los ojos. Que si te levantas, te vas a marear. Que te duele la cabeza. Entonces es cuando empiezas a recordar todo lo que te han dicho los que te rodean, "no debes llorar por nadie, y si lo haces, quiere decir que no te merece". Pues a veces, no llorar parece imposible.

No hay comentarios:
Publicar un comentario